Los libros fueron mis compañeros y amigos desde que era muy chica. Me crió una madre soltera y trabajadora en un entorno muy patriarcal y, como hija única, pasaba mucho tiempo sola. Pensaba que la vida era muy aburrida, y fue la literatura la que me ayudó a descubrir otra faceta de ella: me permitió conectarme con otros mundos y otras posibilidades más allá de mi pequeño rincón en el universo.
Desde que era pequeña, sentí una gran influencia de muchas protagonistas femeninas. Jo March, de "Mujercitas": feroz, independiente y escritora. Me encantó. También Sherezade, de "Las mil y una noches", la narradora. Me mostró el poder de las palabras y la imaginación. Luego, por supuesto, Elizabeth Bennet, de "Orgullo y prejuicio" de Jane Austen, ingeniosa y vehemente. "Jane Eyre", de Charlotte Brontë. Pero, de nuevo, amaba a Dulcinea, aunque fuera un sueño.